Por: Gearóid Ó Loingsigh

Iván Ramírez fue el último de los detenidos por el Caso Andino en ser liberado por las autoridades colombianas, luego de casi cuatro años detenido como parte del montaje judicial.  Hablé con él pocas semanas después de su liberación.

Iván se graduó de la Universidad Nacional como sociólogo y antes de su detención trabajó para el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) en convenio con la agencia oficial de cooperación internacional de Alemania la GIZ.   Su trabajo consistió en hacer talleres para recoger información sobre los asesinatos y masacres cometidos contra integrantes de la Unión Patriótica en el departamento de Meta con el fin de construir un centro de memoria en la ciudad de Villavicencio.  Dicho centro nunca se construyó y cuando allanaron la casa de Iván la Policía llevó varios de los archivos recopilados como parte de ese trabajo.  También trabajo en el tema de la infame Masacre de Trujillo, realizado por la III División del Ejército, cuyo jefe, por no decir capo, Manuel Bonnet Locarno llegaría a ser el máximo comandante de las fuerzas armadas del Estado.  Existía una posibilidad de seguir laborando con esta entidad, pero la detención puso fin a cualquier esperanza de un nuevo trabajo con ellos y él pasó a ser parte de otro capítulo nefasto de guerra del Estado colombiano contra su propio pueblo.

Yo en ese momento no lo concebía, pero tampoco me era ajeno que la actividad que uno hacía, por ejemplo la vida académica o profesional podía tener cierto tipo de implicaciones.  Pues revisando la historia nacional y el contexto nacional, uno se da cuenta que ninguna persona está exenta de caer en prisión o que lo asesinan por algún motivo político.  Así nunca concebí de llegar a esa situación de ser parte de un montaje judicial.  Pues, obviamente en el contexto en que uno se fija y otros antecedentes de otras personas que eran sociólogos que habían sido víctimas de montajes, pues era posible pero no lo tenía presente.

Antes de su captura, dos de las personas que él conoció en el Meta en el marco del trabajo con el CNMH fueron asesinados.  Poco sabía que él en poco tiempo pasaría a formar parte de la triste historia de la guerra sucia contra luchadores sociales y los montajes judiciales.  Tampoco sabía que documentos relacionados con su trabajo legal por una entidad del Estado serían presentados como pruebas en su contra.  Casi todos los investigadores del conflicto en Colombia tienen copia del informe ¡Basta Ya! publicado por el CNMH.

No fue el único documento que llevaron de su casa como prueba.

También había textos sobre la historia de las insurgencias que también son textos académicos en Colombia y en la audiencia lo presentaron, básicamente como material panfletaria cuando son documentos académicos y había uno sobre el movimiento armado el Quintín Lame que también hizo el Centro Nacional de Memoria Histórica.  Son documentos públicos y como profesional es necesario estudiarlos.

Un fiscal tiene que ser bien bruto o desesperado ante la pobreza de su caso para presentar dichos documentos en el juicio.  Entre los créditos aparecen nombres de ministros y políticos de alto rango como Germán Vargas Lleras, Angelino Garzón el otrora Vicepresidente del país y la publicación fue financiado por la Unión Europea, la Embajada de España, y el brazo oficial del gobierno norteamericano USAID. Al parecer el Fiscal veía subversivos en todos lados.  Aunque valga señalar que esa clase de maniobras es común, y hay muchos casos donde los fiscales presentan libros de amplía circulación como pruebas.  Si los fiscales a veces parece que ni han leído el Código Penal, menos van a leer literatura o trabajos sociológicos.

Las pruebas en su contra no eran la única farsa, su detención parecía un episodio de alguna película policiaca de comedia.

Fui capturado cuatro veces.  La primera vez fue en Bogotá, en el transporte público.  Yo iba a recoger a mi compañera a unos talleres que estaba haciendo para comenzar un trabajo en Compensar.  Yo iba en transporte público a eso de las cuatro de la tarde, me dirigía hacia el centro de la ciudad.  Iba en un bus, unos motorizados de unos policías detuvieron el bus.  Bajaron a tres personas.  Nos pidieron cédula y a los dos muchachos se las devolvieron y los dejaron ir.  Y me detuvieron con el pretexto que yo supuestamente era un apartamentero.  Detrás del bus venía un furgón blanco y uno de los policías me dijo que tenia que subir ese furgón porque allí iba mi cómplice.  Cuando abrieron el furgón, hay un tipo bastante sospechoso y lo primero que yo pensé es que alguna cosa me quieren hacer, matarme o desaparecerme.

No quiso subir y manifestó al policía que no confiaba en ellos, pero aun así lo llevaron a la estación de Policía como supuesto apartamentero y lo trasladaron de un sitio a otro, siempre bajo esa sindicación.  Finalmente lo llevaron esposado a su apartamento mientras lo interrogaban sobre su familia.  Cuando llegó aparecieron dos agentes del SIJIN para allanar la casa.

Se metieron a la casa y esculcaron absolutamente todo, comenzó sobre las 7.30 p. m. y duró hasta las dos de la madrugada.  Fue un procedimiento irregular, cuando se hacen los allanamientos después de la siete de la noche tiene que haber un representante del Ministerio Público, y no había.  En las audiencias preliminares me dieron la libertad precisamente por la ilegalidad de la captura.

Se fue para Sasaima un municipio de Cundinamarca, buscando más tranquilidad, pero la pesadilla lo siguió hasta allá y notaba la presencia de policías de civil siguiéndolo y rondando por el pueblo, algo que generó cierta zozobra pues en el país, la diferencia entre un policía de civil y un paramilitar es una cuestión de oportunidad y conveniencia.  En esta captura lo presentaron ante los medios como el peor terrorista.  Lo llamaban alias El Talibán, quizás una referencia a su apariencia física o un juego de palabras el tal Iván, pero el apodo como ellos mismos reconocieron luego, era un invento de la Policía, pero no era la única estupidez del caso, cuando se afeitó, ese hecho lo presentaron como una prueba más de su supuesta responsabilidad por intentar cambiar su apariencia física.  El proceso en su contra es una farsa desde el principio hasta el momento.  Pero como resultado pasó casi cuatro años en la cárcel, y durante su cautiverio nació su hija y sólo la pudo ver durante las visitas normales, cada 15 días.  Las requisas y el trato eran normales, el preso colombiano no recibe ningún trato especial por ser padre de un niño recién nacido “para ellos así que la persona esté ciega o tiene 90% del cuerpo paralizado es un preso más”.

Cómo sociólogo Iván entiende bien los problemas del país y la desigualdad reinante.  Su experiencia en la cárcel confirmó eso.  Vio los lujos de unos y la pobreza de otros según el patio donde estaban retenidos.  Cuando estaba recluido en la Cárcel Modelo, lo trasladaron al patio 3 por razones desconocidas.  Allí vio otro mundo carcelario.

Se ve como gente de plata vive dentro la cárcel con muchos privilegios mientras había otros presos que no tenían donde dormir, les tocaba en un cartón, sin comer.  En el patio tres había mucho más espacio y una biblioteca, una cosa impresionante, una cafetería muy buena y talleres muy bueno.  Había un buen gimnasio, grande, con máquinas de gimnasio no sólo pesas libres, y hornillas para cocinar.

Claro, en el patio tres había varios detenidos de alto nivel, del caso Odebrecht[1] y también de Interbolsa.[2]  Y se notaba también en el hecho que en ese patio algunas celdas costaban hasta 12 millones de pesos, además del arriendo mensual.  Pues existe la especulación de finca raíz intramural, sobre todo donde se encuentran presos de esa naturaleza.  El capitalismo no para en la puerta de la cárcel, sino se reproduce dentro del sistema penitenciario.

Iván fue el último en ser liberado.  Como pasó con los demás la Fiscalía buscaba jueces de bolsillo para justificar lo injustificable, entre esas maniobras y la letargia del INPEC en acatar las ordenes, cayó preso una y otra vez sin realmente pisar la libertad una sola vez.  En una de sus recapturas un Fiscal de Popayán legalizó su recaptura en un juzgado de Medellín cuando el proceso penal es de Bogotá y luego le aplicaron una ley aprobada posterior a su primera captura y los hechos.  Aunque guardaba algo de esperanza, sabía que en Colombia muchos jueces no son objetivos y no siempre fallan en el derecho, produciendo un desespero en él como pasa con muchos presos en el país, quienes se encuentran encarcelados injustamente, al merced y antojo del juez de turno, o como pasa con muchos, la falta de dinero para contratar un abogado bueno.

Después de su última captura Iván no regresó a la cárcel, sino permaneció varias meses en una Unidad de Reacción Inmediata (URI), un lugar de detención que se supone es transitorio, aunque hay personas que llevan hasta más de un año en centros de esa naturaleza donde las condiciones de reclusión son peores que las de las cárceles, si fuera posible.

En esta URI hay un hacinamiento de más del 100%.  Por ejemplo la celda en que yo estaba era muy pequeña, de unos 3 x 8 metros, o algo por el estilo, había más de 100 personas en unas condiciones muy complejas de salubridad, le toca dormir uno encima del otro, no se podía estirar.  Uno pasaba todo el día acostado, no había como caminar y hacer ejercicio.  También la comida llegaba picha y le tocaba a uno comer eso.

Su perspectiva respecto a cierta clase de preso ha cambiado por ver como algunos de ellos también luchan por su dignidad en la cárcel.  “El muchacho que vende drogas, el pillo que roba buses y demás, a veces los catalogan como gente inesencial, pero simplemente han sido las circunstancias que llevan a las personas por otro camino, y eso no debe ser juzgado sino entendido en su complejidad.

El sociólogo Iván vivió un trabajo de campo respecto a las injusticias del sistema judicial, la guerra sucia en Colombia, la pobreza y la desigualdad que nadie quiere vivir.  Su paso por los pasillos de la injusticia no le ha apagado la sed de conocimiento e igual que sus compañeros del Caso Andino, él sigue comprometido con un futuro mejor para este país.

 

 

[1] Es un caso internacional de corrupción, para entender los elementos del caso en Colombia véase https://www.elespectador.com/noticias/judicial/los-hechos-claves-para-entender-el-escandalo-de-odebrecht/

[2] Para un breve resumen de este caso véase https://noticias.caracoltv.com/informes-especiales/impunidad-la-otra-pandemia-que-paso-con-interbolsa-las-libranzas-y-otros-escandalos-de-corrupcion