Por: Gearóid Ó Loingsigh

El Covid-19 ha aumentado el consumo cotidiano de muchos productos que antes eran para médicos, personas enfermas, que poco empleamos en nuestras vidas.  Las tapabocas eran, por lo general, para los profesionales de salud.  Normalmente usamos guantes, a veces en la cocina para lavar platos, para jardinería etc., pero los desechables de látex eran principalmente para el personal médico.  Ya no y este año registrará un aumento masivo en el consumo de esos productos.  No faltarán los cínicos que digan que ya llegó el momento de fomentar la siembra de caucho en Colombia.  Pero las reglas del mercado, los problemas ecológicos, la viabilidad económica para el campesino y la estructura de poder en el mercado no han cambiado, ni cambiarán.

En medio de la crisis, los gobiernos europeos cayeron en cuenta de que la mal llamada globalización le hizo una jugada sucia.  Trasladaron empresas rentables de Europa hacia el oriente, sobre todo China, para generar más ganancias aún.  Entre las empresas y las fábricas que reubicaron se encontraban las empresas fabricantes de insumos médicos y medicamentos.  Parece increíble que apenas dos países, China y la India, producen la mayor parte de los antibióticos del mundo.  En Europa por ejemplo ya se no hacen tapabocas o guantes de látex suficientes.  La situación es tan preocupante, que hasta el neoliberal Macron, el presidente de Francia ha dicho que hay que recuperar la soberanía nacional y europea en la fabricación de productos médicos[1].  Aunque él y los demás criminales que gobiernan en Europa les importaba poco esa soberanía y sus impactos cuando se trataba de aumentar la tasa de ganancias de las empresas.  Seguramente habrá propuestas para revivir algunas industrias que hoy ven como esenciales para cualquier estado.  Cómo lo hacen será tema de una pugna entre la clase obrera europea y esas mismas empresas que hoy producen en China en vez de Europa insumos esenciales para el funcionamiento de un sistema de salud.  En el caso de guantes, la soberanía que Macron propone recuperar siempre será parcial, Europa no tiene las condiciones climáticas ni edáficas para cultivar el caucho.  Lo tendrá que importar, como materia prima para luego procesarlo.

Colombia no tiene la capacidad de producir sus propios insumos, aunque puede producir si quiere, cosas básicas como tapabocas y guantes. También tiene las condiciones naturales para sembrar y cultivar el caucho, como se hace en varias partes del país. Y no faltarán los personajes nefastos -como Francisco de Roux[2], quien vendió en el pasado la idea de la palma Africana como el futuro para el campesinado- que llegarán ahora con el mensaje de que llegó la hora del caucho. Y lo primero debemos aclarar es que no será la primera vez en la historia que se promueve el caucho en Colombia como fuente de riqueza.

Sin lugar a dudas cuando tengamos cifras de la producción cauchera y consumo de productos acabados de látex para el 2020, veremos un aumento notable en las estadísticas, a pesar de un posible declive en otros productos, como las llantas.  A la vez veremos una caída en productos basados en otros monocultivos como la palma, de la que se extrae el aceite y se fabrican plásticos, cosméticos, galletas, helados y el biodiesel.  Todos esos productos experimentarán una caída en su consumo y por lo tanto habrá una sobreoferta de aceite este año, con su correspondiente caída en precios y quienes lo promovieron, no dirán nada sobre el asunto, mientras predican su nuevo evangelio de riquezas con el caucho.

La propuesta de convertir a Colombia en un productor cauchero no es nueva, pero ha fracasado una y otra vez. El mercado del caucho está dominado por muy pocos países.

“Las posibilidades de incidir con éxito en el mercado internacional de caucho natural no son nada esperanzadoras, pues 15 países dominan 95% del mercado internacional de caucho, y Colombia en este momento ocupa el puesto 49. Tiene un largo camino que recorrer. Pero si miramos más de cerca las cifras, vemos que de esos 15 países, dos, Malasia y Tailandia representan 66,9% del total mundial de exportaciones de caucho natural. Es más, los primeros siete países, todos con la excepción de Costa Marfil países asiáticos, representan 89,1% del total”[3].

Habrá quienes hablen de producir caucho para el mercado interno del país. Eso tampoco es nuevo. Siempre se ha endulzado el oído del campesino con el cuento que si lo cultivan va a suministrar materia prima a la industria automotriz, aun cuando se conoce que ésta requiere de caucho TSR y que solo hay una planta en el país capaz de procesarlo.  Las demás lo hacen para fabricar productos de látex como los guantes que tanto faltan en este momento.

Empero, el primer problema es que el caucho demora entre seis y siete años en producir su primera cosecha del látex.  Cualquier expansión del cultivo ahora tendrá que sobrevivir en el mercado de ese entonces y no el de ahora. Los países dominantes en la industria, también pueden expandir sus cultivos y es poco probable que la estructura de poder en ese mercado cambie significativamente. Sin embargo, el país podría producir caucho para el mercado doméstico, tal como hace en la actualidad.  Y lo que suele hacer es importar productos acabados.  En 2018, importó 8.194.000 de dólares en guantes médicos/cirujano[4] y USD 13.147.000 de látex natural, de un total de productos de caucho de USD 977.528.000 según los datos del Centro de Comercio Internacional[5].  Solo en llantas, importó en el mismo año USD 176.301.000 de un solo país: China, de un total de USD 644.234.000 por el concepto de llantas. Es decir, el mercado principal es de llantas importadas para la industria automotriz.  Colombia no procesa mucho caucho para esa industria y por el momento no tiene la capacidad. El mercado interno puede ser en guantes de varias clases y con seguridad nos venderán esa idea como parte fundamental de nuestra seguridad médica, aunque no hay motivos para pensar que realmente será así.

Si el caucho fuera un producto necesario para una soberanía en producción de guantes de látex y no para exportar a otros países y si realmente es una cuestión de seguridad, entonces el costo de los siete años de improductividad lo debería cubrir el Estado y no el campesino mediante un préstamo que debe devolver, como ocurre en la actualidad. También el procesamiento del caucho debería ser un trabajo del Estado y no de empresas privadas.  Si verdaderamente es por nuestra seguridad ante futuras epidemias al Estado le correspondería encargarse del adecuado almacenamiento, suministro y reparto de esos productos cuando se requieran. Por supuesto el Estado no va a hacer nada de eso.  Los nuevos adalides del monocultivo de caucho, apelarán a una supuesta necesidad sanitaria, como una nueva oportunidad para fortalecer al mercado interno, pero nada de eso se aplicará, será el viejo mercado y sus fórmulas, donde el campesino asume los costos de producción y las empresas de siempre hacen su agosto y especulan con los precios en caso de otra emergencia.

Los aspectos sociales de este monocultivo no cambian y tampoco los problemas ecológicos relacionados a su producción y uso van a desaparecer.  El Covid-19 es un problema que surge precisamente por el asalto del capitalismo a la naturaleza y sus métodos de producción agrícola, entre otras cosas. Por supuesto, necesitamos caucho y su uso en escenarios sanitarios es extendido en el mundo, no obstante la existencia de otras alternativas para los que son alérgicos (que conllevan sus propios problemas).  Así, la emergencia actual no pone al orden del día una expansión del monocultivo del caucho, sino todo lo contrario, el fin de los monocultivos y una producción y consumo más racional de productos, tanto los que se basan en materias naturales como sintéticas.  Y si corresponde a algún país aumentar su producción de caucho y expandir la tierra dedicada a ese cultivo, es posible hacerlo no como monocultivo sino como un cultivo asociado, no a uno o dos cultivos más[6], sino a un sin fin de otros cultivos a lo largo de su vida productiva.

Es decir, se requiere otra clase de relación con la naturaleza, otra clase de producción agrícola y otra clase de consumo. Una reducción en nuestros patrones de consumo y el uso masivo (muchas veces innecesario) de carros particulares, reduciría la demanda por el caucho para fabricar llantas y no se requeriría sembrar más arboles para fabricar guantes, las ya existentes podrían cubrir la demanda.

 

 

[1] Politico (31/03/2020) Macron urges massive in local production of local equipment https://www.politico.eu/article/macron-urges-massive-increase-in-local-production-of-medical-equipment/

[2] Francisco de Roux fue el director del Programa de Desarrollo y Paz en el Magdalena Medio, y como tal promovió agresivamente los monocultivos, particularmente la palma Africana entre los campesinos, luego del asesinato y desplazamiento de muchos dirigentes.  El modelo que adoptó fue el mismo modelo promovido por el Banco Mundial, institución que financió a su entidad y la empresa palmera de Indupalma, es decir la Alianza Productiva y las Cooperativas de Trabajo Asociado. Hoy día funge como el presidente de la Comisión de la la Verdad en Colombia, aunque no se espera que reconozca su propio papel en el conflicto colombiano.

[3] Ó Loingsigh, G. (2019) Extractivismo y muerte en el nororiente, Bogotá, Equipo Jurídico Pueblos, p. 133 Disponible en https://www.equipopueblos.com/project/extractivismo-y-muerte-en-el-nororiente/

[4] Aunque existe una diferencia técnica entre guantes médicos y de cirujano, la página de donde se toma los datos no distingue entre uno y el otro.

[5] Datos son tomados del Mapa de Comercio del Centro Comercio Internacional disponible en https://www.trademap.org/Index.aspx

[6] Esto es algo que a veces los capitalistas mismos hacen, sobre todo en los primeros años de crecimiento de cualquier cultivo de tardío rendimiento